La Guerra Fría fue testigo del nacimiento, de la aplicación y de la prohibición de un arma hasta entonces desconocida, la alteración intencional del medio ambiente, una tecnología nueva que fue desarrollada y perfeccionada en el campo específico de la llamada Modificación Artificial del Tiempo Atmosférico. Se trató, básicamente, del empleo militar, para fines hostiles o bélicos, de la siembra aérea de nubes con agentes químicos que provocaban o incrementaban la producción de lluvia.
Los efectos de este nuevo tipo de arma de destrucción masiva fueron tan devastadores para los ecosistemas y para la población civil de los países destinatarios, Cuba y Vietnam, que finalmente fue proscripta de los arsenales merced a un acuerdo internacional. Curiosamente, Argentina estuvo en la génesis de esta nueva tecnología, e incluso llegó a desarrollarla, aunque con fines pacíficos y manifiestamente civiles que se han perfeccionado y llegan hasta nuestros días.
El propósito de esta investigación es mostrar cuál fue el origen de esta nueva tecnología, de qué forma nuestro país la incorporó prematuramente para fines pacíficos, y cómo su desarrollo militar (y ulterior prohibición) terminaron creando el marco normativo internacional que hoy permite el uso civil de la siembra aérea de nubes para incremento de lluvias y prevención de granizo, como ha quedado demostrado con la reciente sanción del Decreto 599/2024, reglamentario del Trabajo Aéreo en Argentina.
